miércoles 10 de febrero de 2010

Tarde de Play

¿Alguna vez te han cogoteado? ¿No primo, no? ¿Pero sabes lo que es? Cuando te cogen por atrás, te chapan el cuello y te presionan hasta desmayarte. Pues yo cogoteaba en la Plaza San Martín, ahí pues, donde están los chibolos que se los levantan los cabros de mierda. ¿Conoces, no? Puta que en mi época yo mandaba ahí con mis causas. Era chibolo, pero siempre fui grandazo, así que me tenían respeto. Cagué a varios pero una vez me pasé primo. Ahí creo que la cagué.

Cuando Miguel conversa no para, se pregunta y se contesta él solo. Hace muecas. Mueve todo su cuerpo al compás de su boca. Sus largos pelos rastas, que lo hacen creerse Sansón, giran y rebotan en su cabezota encargada de administrar 140 kilos de humanidad repartidos en casi dos metros de largo. Se jala los mocos, escupe al piso, tose al aire. Se arremanga el polo, dejando ver el inmenso tatuaje de trivales y personajes raros que tiene en todo el brazo derecho, desde el hombro hasta las muñecas. Se prende un huiro para embalarse y jugar Play Station. Dice que me va a ganar y me recuerda los últimos partidos que jugamos la semana anterior con una emoción infantil. Cinco, cero. Cinco, cero. Así te voy a hacer cuando te salude, me dice con una sonrisa pendenciera. Levanta su mano derecha, abre su gigante palma y la mueve de adelante para atrás, de arriba hacia abajo. Haciendo notar claramente los cinco goles que me metió la última vez cuando yo ya me estaba quedando dormido. No para de hablar. Cuando voy a su casa a jugar, tan solo lo escucho, haciendo a veces de moderador de su monólogo. Dándole las pautas de lo que me interesa saber.

¿Unas chelas?, le pregunto a mi anfitrión. Él nunca dice no. Y yo, como buena visita, saco las chelas de la refri. Miguel toma la lata de Stella Artois, la abre con un solo dedo, se la pone en la boca y deja caer la mitad de la lata de medio litro dentro de su garganta, como si fuera un embudo. Termina con un grito de placer, erupta, pide disculpas (yo no sé ya para qué pide disculpas si lo hace siempre) y coge su control del Play Station. Lo miro, sonrío y pienso en voz alta. Cómo me gustaría embriagarme un día de estos, acá nunca lo he hecho así furibundamente, aunque ya no sé en realidad si me guste tanto hacerlo, pero una vez en Londres no haría daño. ¿O no? Él me miró y lanzó otro erupto, uno de los más consistentes de la mañana, que se estampó en mi cara junto con el placentero olor a leche y pan con huevo de su desayuno y me dijo: pocas veces en mi vida he estado borracho. (Qué pasaría si se emborrachara más seguido, qué tales eruptos carajo, son tan fuertes que marean) Como en todos lados me querían sacar la mierda, si estaba borracho no la hacía. Me sacaban la mierda. Siempre he parado en la calle, desde chibolo, he vendido lapiceros, tarjadores, linternas, encendedores, de todo lo que te puedas imaginar en los micros en la avenida Abancay. Así que siempre supe cómo cuidarme. Me drogaba, harta pasta, crack, combinado, ganya, terocal, ácidos, qué no me he metido. Me he metido de todo y también he parado mucho en centros de rehabilitación.

Pero retomando, ¿no te había contado que una vez maté a un tombo? No, le respondí y me acomodé en el sillón para escuchar atentamente uno de sus relatos, los que suele contarlos con mucha emoción. Prendió otro huiro y mientras aguantaba el humo en sus pulmones, se puso a hablar como ahogado. Estaba pasando cerca al Bolivar, eran las 7 de la noche y mi causa Pepín había cerrado a un cabro que había ido a levantarse chibolos. Lo tenía ahí, contra la pared, entonces yo pasé y le silbé para ver si necesitaba ayuda, me hizo una mueca y de frente, sin roches, pum, al cuello, pa, como debe ser. Pero se puso bravo el compare y empezamos a hacer fuerza. Yo siempre fui grandazo primo, así que no me iba a cagar. Se me iba para adelante, para atrás y se puso medio jodida la cosa, así que lo apreté más fuerte. Lo dormí. Le abrimos su billetera y vimos la placa de tombo. La cagada, robamos y nos fuimos corriendo. A los 20 metros giré para ver si se había despertado, pero nada, seguía tirado, no despertaba. Tú sabes primo que cuando te duermen quitándote el aire tienes 20 segundos para despertar, si no lo has hecho, estás cagado. Si no sabes cogotear bien, se te puede pasar la mano, como a mí esa vez, y cagar a alguien. El huevón nunca más lo vi levantarse. Corrí un poco más, volví a girar, seguí corriendo, volví a girar, hasta que empecé a correr más hasta perderlo de vista. Nunca despertó. Por lo menos yo no lo vi pararse.

- - ¿Cuántos años tenías?
- 17.

Cuando era chibolo la he cagado muchas veces. Me mechaba y no me importaba mucho a quién tenía enfrente, pero una vez un tío me dijo: “oe comparito, ten cuidado, porque desde que los fierros se inventaron, las fuerzas se igualaron”. Me cagó. Puta primo, yo cuando vaya a Lima tengo que estar bien atento, no puedo ir por cualquier lugar, porque sé que me están buscando, en Chorrillos, en Barrios Altos, en Maranga, en Barranco. Me quieren dar vuelta. Y todo por flacas. Las flaquitas me buscaban y yo nunca aflojaba. Y algunas de estas tenían macho. A uno le saqué la entreputa en el Dragón. Le saqué la conchadesumadre, pero la conchadesumadre. Se ríe. Lo cogí desprevenido, con una banca, pero todo vale pues. Ese huevón, a la semana siguiente, me siguió con fierro primo por todo Chorrillos. La gente me saca al toque, yo no paso desprevenido en ningún lugar, mi pelo, mi cuerpo, mi voz.

Le metí el primer gol. Me agarraste desprevenido, yo que te estoy contando mis historias y tu causa te me aprovechas. Ya fuiste. Zlatan (Ibrahimovic) te hará parir. ¿Y nunca has matado a nadie más? ¿Cómo sabes que está muerto?, le pregunto curioseando, como quien no quiere la cosa, acerca del supuesto policía. Yo creo que está muerto, he visto muchas cosas de esas y años después me detuvieron porque estaban buscando a un sospechoso de homicidio con mis características, al final safé rápido, tuve suerte. Pero después de él, no primo, creo que no he matado a nadie más, le he sacado la mierda a gente, con piedra, cuchillo, con sillas. Compare, cuando tú te mechas, vale todo. Eso de caballeritos para los cabritos. Coge lo primero que veas y tíraselo en la cabeza. Que yo sepa no he matado a nadie más, pero no me sorprendería que alguno haya pasado a la otra. Si te contara todo lo que he pasado, tendría para hacer un libro. ¿Qué te parece si yo te cuento y tú lo escribes? Ahí está. Tú puedes hacer mis memorias y nos hacemos millonarios. Desde que lo conocí, limpiando baños en la madrugada, al igual que yo, me dice para que escriba sus historias. Siempre me río y siempre le digo que con un libro es poco probable que nos hagamos millonarios. Pero él insiste obsesivamente, sin hacerse el macho como cuando pega, sino el niño como cuando juega.

viernes 5 de febrero de 2010

No more food

Después de haber dado una de mis tantas clásicas y muy oportunas vueltas al parque como preámbulo de meditación antes de ir a algún lugar, decidí ir a la escuela de inglés. Una hora de camino hasta ese fucking local. Salí camino al tubo. Tuve que cruzar todo el parque, pasar por canchas de tenis, resbaladeras, columpios, sube y bajas, canchas de fútbol 8 de cemento y canchas de básquet, una biblioteca. Y a la altura de la biblioteca, me crucé con una japonesita con lentes grandotes medio polarizados, chullo, orejeras, toda cubierta de negro, dándole de comer a unas palomas y ardillas. Qué linda esta japonesita, pensé, dándole de comer a los animalitos. Pero mientras más me iba acercando a esa tierna imagen, iban llegando más ardillas, más palomas y con las palomas, llegaron cientos de palomas que empezaron a atacarme porque yo estaba al lado de la comida, empezaron a llegar una cantidad inaguantable de palomas. Lluvia de palomas. Evité a dos que iban directamente a mis rodillas. Una que rozó mi morral. Me imagino que el que estuvo viendo esa situación se debe de haber estado cagando de risa. Otra paloma me quiso hacer un tercer ojo. Me empecé a impacientar, por donde iba veía más pájaros. ‘Hey girl, no more food’, ella recién se percató de la cantidad de pájaros que tenía encima y que se le venían, se había quedado pegada echando pan al suelo. Me miró de reojo, tiró la bolsa de pan al suelo desperdigándose para regocijo de los plumíferos, y salió disparada fuera del parque, como asustada, pero los pájaros seguían llegando y también empecé a correr, evitando que me caiga algún pájaro perdido.

sábado 26 de septiembre de 2009

Única conexión


En mi último día en Lima. Ayudándome a empacar.


“La vida está en todas partes, la vida está en nosotros mismos y no fuera de nosotros. Junto a mí siempre habrá seres humanos, y seguir siendo hombre entre los hombres y seguir siéndolo siempre, sin envilecerse por ninguna desgracia o perder el ánimo, es en lo que consiste la vida, es su obligación. He tomado conciencia ahora de ello. Esta idea ha penetrado en mi carne y en mi sangre”.
- Fiodor Dostoiesky -


Después de 3 años viviendo solo, regresé a vivir con mis papás durante un par de meses, tiempo suficiente para subir cuatro kilos y compartir tiempo juntos antes de mi viaje hacia Londres. Cuando me fui, en la familia éramos 4 y aún quedaba mi hermana en casa. Cuando regresé, ella ya se había ido, tenía su propia casa junto con su esposo y el engreído de la familia entera: Santiago; es decir sumamos dos más: 6. Pero este nuevo pequeño compañero sonriente y rico totalmente apetecible como para morderlo todito vivía prácticamente con mi mamá de lunes a viernes (me refiero a Santiago, no a mi cuñado, él no está apetecible). Mi hermana lo deja todas las mañanas. A las 8. Y lo recoge todas las noches. A las 8. La casa era otra. Llena de juguetes, con mesa para el bebé, con coche para el bebé, con una bañera especial para el bebé, con pañales (definitivamente para el bebé), biberones. Mi mamá, antes de que nazca Santiago, tenía su casa lista para recibirlo. Inclusive estaba más lista que mi hermana y Christian, mi cuñado.
Entonces, cuando regresé a casa a vivir, la atención de todos era hacia Santiago o Ajunchey, su nombre en chino y que mi mamá adoraba mencionar. Me encantaba ver a mi mamá recontra feliz con su primer nieto, me gusta que se comprendan a la perfección. Trata de entretenerlo lo más posible. Le silba cuando le da el biberón y le repite infinitas veces Ajunchey, con un tonito que la verdad al inicio no me agradaba mucho, pero que al final logré querer y comprender. Las muestras de amor deben ser libres. Le cuenta hasta 3 como para que arranque esa carrera a veces vertiginosa y otras paciente del biberón. ¡Se toma 5 biberones diarios! Le dice todo el día que es lindo y suele recordarle a todo el mundo lo parecido que es a mi papá. “Oh las orejas del abuelo”. Ella es la más emocionada. Aunque mi papá, seco como un chino tradicional pero tan bueno como él solo, tampoco puede ocultar el brillo de sus ojos cuando lo mira y lo carga.
Mi mamá, hasta para pedirle el ‘chanchito’, lo hace gracioso. Su propósito es mantenerlo feliz todo el día. Y lo logra en cada instante. Le hace reír, le cuenta chistes, le silba, lo mueve, lohace domir, le da de comer, todo con una vitalidad que una madre muchas veces no tiene. “A esta hora (5:15 pm) se pone como loquito”, me dice. Lo conoce. Y él también a ella. Lo deja un rato. Él aguanta. Pasan 30 segundos, no aguanta más. Llora. Ella voltea y va a socorrerlo.
- ¿Oye a ti te deberían pagar?
- Ella solo ríe y va por él. Feliz.
En las mañanas, cuando salía de mi cuarto e iba a la cocina por algo de tomar, nos quedábamos mirándonos, ninguno decía palabra alguna o sonido alguno, como tanteando quién haría la primera risotada para que empiece el primer juego del día. A veces él me miraba, se retorcía de la risa y pedía ser cargado. Sin embargo, en medio de los juegos, la buscaba, se volteaba, miraba de reojo para sentirse seguro de tenerla cerca y si la encontraba, la hacía partícipe de la risa. “Putttt”, me hacía con la boca, me siento orgulloso, eso yo se lo enseñé.

Mi mamá le huele el potito cuando parece que se ha hecho la caquita. “Pu-put (imitando el sonido del pedo)”, “chow-chow (huele feo en chino)”, así le dice cuando ella cree que se ha hecho. Él parece entender, porque se echa, levanta las esas piernecitas blancas y regordetas, y se deja limpiar todito, sin alguna molestia.
Le hace de todo para que él la pase bien. Como pintarse una carita feliz en la palma de la mano o decirle cada 3 minutos: Ajunchey, acompañado de saltos, risas y los gestos indicados para hacerlo reír como nadie puede hacerlo. Ella se va, él se mueve, patalea (porque ya quiere caminar) y ella regresa. Mi mamá le hace muecas desde la cocina y él, echado en el coche, le responde, le juega, se ríe. Cada día me sorprende más esta relación. Se aman con pasión y locura. Ella le sigue haciendo muecas desde la cocina y él se revuelca con una risa que parece tos.
Por momentos Santiago me miraba, se reía, pero no tanto como con ella, porque con ella salta, mueve todo ese cuerpecito, patea de felicidad. Y a mí solo me quedaba decirle: “Pufff”, “Brrrr” o “Aeaea”, sacarle la lengua y hacer mi mejor esfuerzo hasta terminar con el polo mojado y con los brazos acalambrados. Mientras que mi madre, su abuela, con su solo guiño es capaz de robarle una preciosa sonrisa para la foto, esas que miro cada cierto tiempo para yo también reír.

sábado 19 de septiembre de 2009

Adoración metálica


Sería terrible quedarnos sin estas maravillas. Foto: Jack Lo

Cada semana que pasa vemos con buenos ojos la llegada de mayor inversión extranjera al Perú. Lo aplaudimos. Nos están vendiendo el cuento de que somos la macroeconomía más estable de Sudamérica y eso nos convierte en los más rentables desde cualquier punto de vista. Sin embargo, así como la economía mejora y andamos en azul sin sufrir tanto como los países vecinos, nuestro país está contaminándose cada vez más. La minería, una de nuestras principales formas de ingreso, nos está destrozando y contaminando, legalmente, el tuétano. Está rompiendo con la naturaleza, está cambiando ecosistemas, formas de vida, está influyendo directamente en la salud de los pobladores manipulados por su ignorancia, a fin de cuentas los y nos están matando.

El año pasado en Huaraz cuando hacía una caminata por la zona me señalaron un cerro que parecía haber sido trasquilado, pero no parecía, había sido trasquilado. Era la mina Pierina, manejada por la minera Barrick Gold Corporation. Una compañía que se jacta de haber contado desde sus inicios con un plan ambiental para no perjudicar al medio ambiente, que se le hincha el pecho cuando dice que el 98% de sus trabajadores son peruanos, que tiene todo contralado para reducir el impacto ambiental, que tiene un plan de crianza de alpacas, que capacita a las comunidades y demás cosas que contribuye con el desarrollo de los más necesitados. Sin embargo, este cerro en el que se ubica la mina ha sido trasquilado: 300 metros de alto y 5 kilómetros de ancho. El cerro ya no existe. Un barbaridad. La gente del pueblo me decía que habían prometido regresar todo como estaba después de terminar de explotar la mina. Pero mientras tanto, el ecosistema cambió. Entran más vientos, hay especies que ya no bajan por la zona, las plantas cambiaron de color. ¿Y eso cómo lo van a cambiar? Es imposible, ya se dañó todo. Cuando terminen de explotar la tierra, se irán, taparán todo y ahí quedará. Esta gente sin dinero (porque no habrá una mina que les pare la olla) y abandonados, se encontrarán en una tierra que no será la misma de hace 20 años, en la que no sabrán qué hacer.

En otro viaje a Huaraz, en otra caminata, conocí a un trabajador de una mina, que me confesó trabajar ahí solo por dinero (por las gigantescas utilidades que reciben trimensualmente), porque profesional y personalmente lo hacían caer cada vez más bajo: lo mandaban a engañar a los pobladores, a hacerlos sentir los culpables de todo y que la mina era la salvadora y que tenían que rendirles culto. Mientras que la mina hacía lo que quería. También ayudaba, construía carreteras, colegios, daba dinero para el hospital, reconstruía la plaza, les pagaba un jornal que superaba largamente el dinero que sacaban en la chacra, volviendo más vagos a los huaracinos que no saben que en unos años, cuando esta minera se vaya, todo volverá a estar en peores condiciones que antes, ya que no habrá nadie quien los ampare, ni el gobierno (que ha demostrado no preocuparse por el verdadero pueblo) ni la mina, que los mirará tan solo de lejos. Y una anécdota: este personaje había conseguido una moto nueva. ¿En dónde la encontró?Estaba siendo enterrada junto con decenas de autos y otros aparatos. Así se deshace la mina de los instrumentos de trabajo. ¿Sorprende? No y nadie dice nada.

Por eso, cada vez que leo en las noticias sobre nuevas inversiones mineras en nuestro país, me da miedo. Estamos destruyendo nuestra tierra, la que nos va a dar de comer y la misma que supuestamente será el futuro del planeta. A continuación unas cuantas noticias relacionadas a la minería en la última semana:

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Yanacocha sumará inversiones por US$ 100 millones al cierre del 2009. Según su gerente general, Carlos Santa Cruz, se destinan al desarrollo de actividades en la región Cajamarca.

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Minera Volcan, en Arequipa, busca elevar su extracción de zinc y plata en los próximos años. Se incrementarían de 690.000 toneladas a 800.000 y de 23 millones de onzas a 30 millones en tres o cuatro años, respectivamente.

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Petrobras anunciaría hallazgo de gas natural en el lote 58. Reserva estaría ubicada cerca de Camisea, en la selva de Cusco.

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El ministro de Energía y Minas, Pedro Sánchez, confirmó hoy que las inversiones mineras en su país alcanzarán los 30.000 millones de dólares “en corto y mediano plazo”. LEAN LA BARBARIDAD QUE NOS QUIEREN VENDER LOS POLÍTICOS: “Estos proyectos desarrollados con responsabilidad ambiental y social, son una oportunidad para la lucha contra la pobreza en el país, sobre todo en las poblaciones ubicadas en el entorno de los proyectos, propiciando su desarrollo integral y sostenido”. Estos proyectos no son los que se necesitan y está confirmadísimo que a las empresas no les importa la gente.

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Sí, me da miedo. Tengo miedo de regresar a ver el Huascarán y ver que ya no es nevado y sea una simple montaña. Me da miedo ir a caminar por Huayhuash y ya no ver ningún pico. Me da cólera saber que el Pueblo de San Marcos, en Huaraz, recibe millones de soles mensuales, siendo así el pueblo más rico del país pero que nadie hace nada por asesorar a estas personas y físicamente parece el pueblo más pobre de Sudamérica. No se puede creer. Si en realidad quieren sostenibilidad, eso no se paga con dinero. Sino con trabajos de responsabilidad social. No bastan los millones para darles la verdadera tranquilidad a la gente.

Nadie está diciendo que no se hagan trabajos de minería. Son necesarios. Pero estos deben tener un mayor control. Es inaudito escuchar por ahí que cuando una mina termina sus trabajos en la zona, es usual y normal, para deshacerse de todo, taparlos con más tierra. Para que cuando pasen millones de años, los futuros pobladores de la tierra piensen que nosotros, más retrasados que los Nearthentales, adorábamos a los carros y a los Caterpillars.

Acá les dejo un pequeño video de lo que ocurre en la Oroya...



viernes 11 de septiembre de 2009

En vías de la perdición

No les hagamos perder la ilusión. Foto: Jack Lo

Mientras que uno de nuestros más importantes embajadores en el mundo, Mario Vargas Llosa, declara desde España que sigue creyendo en la política o sino no seguiría escribiendo sobre ella, yo cada vez voy sintiendo lo contrario. Siento indignación, pena, cólera, desesperanza y mucha tristeza. Me da rabia estar convencido de que nosotros seremos parte siempre de un país en vías de desarrollo o mejor dicho tercermundista; además de ser abrazados por un continente en vías de la perdición. Lo vemos en todos lados, en la calle, en la televisión, en los medios de transporte, en nuestros gobernantes, en nuestras familias, en nuestra gente. Europa, un continente con muchas limitaciones geográficas, mentales y de todo tipo, anda pensando, a pesar de todo, en cómo hacerles más fácil la vida a sus habitantes, cómo crear desarrollo. Sudamérica, en cambio, un continente supuestamente llamado a ser el futuro del planeta por su riqueza natural, vive día a día pensando cómo cagarle la vida al vecino. En vano durante el 2008 no se han gastado 38 mil millones de dólares en armas. ¿Para qué? No lo sé, para mí es incomprensile. Pero sí sé: es parte de nosotros, el aniquilamiento.

Desde cosas tan sencillas. Nos jode tanto cuando a alguien le va bien. Nos jode tanto cuando alguien piensa distinto. Nos jode tanto cuando el otro se viste diferente. Nos jode tanto cuando otro se cambia de auto. Nos jode tanto cuando vemos a alguien capaz en el trabajo, que hacemos todo lo posible para meterle no solo cabe, sino una patada en la sien, y bajárnoslo para no tener sombra. ¿Por qué no mejor uno superarse y tratar de competir para ambos ser mejores? No, eso nos jode. Nos jode tanto. Nos da tanta felicidad cuando a un mozo se le caen los platos, que hasta aplaudimos. Nos alegra tanto cuando a tu amigo no le salieron las cosas y le pedimos a Dios que nos pase primero a nosotros y después a ellos. Nos alegra tanto. Reímos hasta extirpar la faringe cuando vemos a una persona ebria en el piso y ni se nos ocurre ayudarla, es más, si podemos patearla, mejor. Nos da lo mismo cuando al que está a tu lado en el paradero le roban, que ni gritamos para pedir ayuda. ¿Debería ser así? ¿Deberíamos solo fijarnos en el otro cuando nos conviene o cuando queremos hacerle mal? ¿Tenemos alguna noción de lo que significa el bien común? ¿Estamos conscientes que si logramos el bien común podemos empezar a desarrollarnos de una vez por todas? ¿Estamos conscientes de que si al que está al lado tuyo le va bien, es muy probable que a ti también?

Sigo desilusionado de la política. Porque esta lamentablemente es y será la responsable de nuestro cada vez menos prominente futuro como sociedad. Cada vez es más sucia. ¿No parece ridículo que se pida transparencia en los gastos de nuestros congresistas (Padres de la Patria) y que existan claros e innegables vínculos con el narcotráfico o con empresas que manejan el país (algo que no es nuevo)? Sigo desilusionando porque los medios de comunicación también siguen siendo manejados por los poderes que no están relacionados a la tan añorada democracia. Sigo desilusionado.

Se me parte el alma cuando me choco con la realidad. Me partí en pedazos cuando en un pueblo de Huánuco llamado la Unión, me crucé con Aurelio, un niño de 12 años que no sabe ni leer ni escribir. Ni sumar ni restar. La única palabra que sabía era hambre, además de papá y mamá, a los que tenía que ayudar todos los días desde las 5 de la mañana en el campo o sino no comían. Se me partió el alma cuando Cristinita, una huaracina preciosa y chaposa, me pidió unos cuantos caramelos para endulzar sus días al lado de su flaca vaca. Pero igual se me partió el corazón al conversar con Zinnia, una niña de 10 años, que está aprendiendo a valorar el planeta, gracias a los trabajos bien planificados que hace la ONG Ania en el Callejón de Conchucos. Ella quiere ser profesora y le brillan los ojos cada vez que lo dice. Gracias a estas iniciativas privadas es que dan ganas de seguir avanzando. No gracias a la política, sino a estas personas que creen que si se puede y trabajan sin importar lo que haga el Estado mientras que este no se meta con ellos. Empecemos a trabajar, importándonos realmente por el otro, sin necesariamente creer en la política, que es la que nos está dejando en donde estamos.

La parábola del cangrejo. Un joven chileno cazador de cangrejos, extenuado y contrariado, veía cómo al otro lado de la frontera, su colega peruano recogía e iba colocando a los crustáceos en su canasta con una tranquilidad inusual. Mientras que él, no podía dejar su canasta sin tapa porque se les escapaban. El peruano iba y venía y no se inquietaba por nada, tan solo llenaba sus canastas. Entonces el chileno, cansado de tanto traginar, cruza la línea para preguntarle su secreto al peruano. Este le responde muy sencillamente: "mientras los tuyos salen muy fácilmente, los míos, muy peruanos ellos, se jalan de las patitas y al final nadie sale".